domingo, 11 de septiembre de 2011

Piel de serpiente

Neue Galerie
No te maquilles demasiado
muchacha;
no te lances a la noche,
que la noche sabe
de habitaciones de pensiones
en las que gimen las camas
y silban los grifos
de los lavabos
a la hora de las princesas.

No permitas que te encandile
el brillo perverso
de los relojes
que guillotinan tu alma
a las doce en punto;
ni dejes que los rojos neones
se asomen a las ventanas
para dibujar
cuerpos dorados
sobre sábanas sucias

No muchacha,
escucha la voz de quienes
siempre han dormido
tranquilos.

Y crece en paz.

Mata a la fiera
que reclama tu carne,
ilumina la noche con lámparas
cegadoras,
que no te encuentren sus calles
ni sus monstruos
ni la piel brillante de sus reptiles.

Cásate, muchacha,
ten un par de niños
en un par de habitaciones
decoradas con fotos de Bob Esponja
Bautízalos,
llévalos a Dysneyworld
y a Mc Donnall.
Y luego para dormir tranquila,
acude a sus bodas
vestida de honorable señora.


Observa
como crecen los nietos
y como tus hijos duermen tranquilos.
Mientras, en tu pelo enhuera el invierno
sus crisálidas de nieve
y en tu alma se pudren
las últimas manzanas del paraíso.

Y muere en paz;
luego barrerán los empleados
de la funeraria,
confundida entre los pétalos
de los crisantemos muertos,
la piel seca de una serpiente.

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