domingo, 9 de octubre de 2011

Ecce mulier


Aquí está, la mujer, la hembra,
en cuerpo y alma.
Miradla. Y adoradla quienes tenéis ojos
y despreciadla quienes tenéis miedo
Hela aquí, ante vuestras pupilas atónitas.
Desnuda con la cara limpia
y la barbilla alzada
y las pestañas ardiendo
Con todo el infierno
a su favor.
Desnuda
sí. Alzando su furioso martillo
contra el virginal mármol
de una María de Nazaret
de boca cegada,
de ojos blindados
y de manos inutilizadas
por una grotesca oración
Miradla derribando las puertas de entrada
a Su Paraíso.
Sin miedo
y con todos los miedos del mundo
sobre los hombros.
Aún vivo el corazón aún suave la piel
y vigorosas las manos.
Aún hermosa,
firmes los hombros después de arrastrar
durante milenios
el plómbeo legado de portar
la santa custodia
de la gruta
de los deseos.
Contempladla,
aún viva y sonriendo
aún fuerte
como una diosa inmortal.
Y tenedle miedo
porque esa no se llama María
y no aguanta la presión de la venda
sobre sus ardientes ojos
ni el sabor de la mordaza
que seca los jugos de su boca
Porque esa
es quien os reta
y quien pulveriza vuestros sagrados mármoles
Quién os va a recordar un día,
quizá mañana,
todo lo que calló
cuando la condenasteis
a las mazmorras
del silencio

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