jueves, 29 de diciembre de 2011

Pálida luz




Anochece...
cae la luna sobre
el globo turbio
de una triste farola
y un puñado de nubes
entra en el restaurante
chino por la puerta
de atrás.

Se desploma la noche
como una vieja manta
parda y húmeda
y sin embargo
tan necesaria.
Para que el mundo recuerde
que existes
o que exististe.
Que naciste
y que te has muerto
o que has resucitado
apartando huesos
y gusanos del foso

Te pienso sola.
Rotunda sombra
tambaléandose
contra una pared
sin ventanas;
buscando
arrancar
un segundo más a la vida.

No hay luces ni vitrinas
para ti
maniquí de labios secos
hada de uñas negras
y de babas en los pezones
y dolor entre las piernas.

No hay limusinas
con las puertas abiertas
a los callejones
de las ninfas viejas.

Escapan suspiros
de las letrinas
y un perro recorre
un hilo
de agua negra
donde apenas puede
mirarse la pálida luz
de tu farola.

Alguien grita:
- Eh tú,
esa cosa que se mueve

Y vuelves la cabeza.

Yo,
sí yo.
Esa cosa que se mueve,
que se
mueve.

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