sábado, 23 de junio de 2012

La calle tranquila


El presidente del gobierno
Nos animó ayer a odiar a la Argentina
Como si fuésemos piqueros de Flandes
Con odio imperial
Y sagrado
En nombre de España,
De amor patrio, dijo.
Y de seguro que hubo quién lo obedeció
Y comenzó a construir su pequeño edificio
De basura prestada.
La presidenta de Argentina
Invitó ayer a los argentinos a un banquete 
De adoración personal
Y habló de Evita
Y de los indios masacrados 
En los años de la canalla.
Y seguro que hubo un puñado de imbéciles
Que comenzó a poner ladrillos
En su muro de ignorancia
Y mientras los estúpidos de ambos bandos
Vociferaban abrazados a sus banderas
Los presidentes de España y Argentina
Brindaban por un futuro
Sin interferencias 
De la calle.

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