sábado, 2 de junio de 2012

El primer invierno



Aquel invierno fue el primero fuera de mi mar.

Fuera de mi arena tibia y de mis barcos de espuma

El primero alejada de ese cielo triunfante,

imposible de conquistar ni en los mejores sueños.

Aquel invierno me faltó el beso dulce de la brisa

sobre la piel recién tostada del verano

y el contoneo perverso de las palmeras

como engreídas damas agitando sus melenas

para contarnos

sobre la dirección de los vientos.

Me faltó el olor de nuestro café 

y la rabia de nuestra tierra

Esa rabia rápida que estalla en unos segundos,

para volverse desencanto en un instante.

Como las gotas frías que convierten las calles en salvajes ríos.

Por unas horas,

y luego se van

y es como si nunca hubieran estado.

Aquel invierno estuvo techado por un cielo pesado,

desplomado sobre los hombros

Y por un silencio de árboles desnudos

tiritando bajo el resplandor de la nieve.

Fue todo noche 

velatorio con negros velos de nubes

y madrugadas rotas por el crepitar trágico del hielo 

Fue chillidos de gaviotas sobre un puerto aterido

de orden y de frío

Fue el descubrimiento de vivir a dos pasos del abismo

a un suspiro de las estrellas.




Sólo el calor de tu cuerpo bajo las sábanas

Existió y fue mío y verdadero 

Tus besos me salvaron aquel invierno.

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