lunes, 25 de enero de 2016

El abuelo Fernando



Tengo un recuerdo vago de mi abuelo Fernando,
Es problable que ni siquiera lo recuerde yo
sino que repita la memoria de otros.

Llevaba un sombrero de fieltro negro
y una camisa blanca,
de cuellos almidonados y muy limpios.
Tenía la cara delgada y morena
y los ojos grandes y bondadosos. 
Esos ojos que hemos heredado
todos los de su estirpe,
una gota de ámbar
transparente, con su legión de mínimos
insectos bailando en su interior.

Recuerdo la casa pequeña, el pasillo empedrado
para el paso de las bestias
y el olor a fresco y a guarida.
Me llevaba de la mano para cruzar la calle, 
una línea gris y perversa
por donde pasaban
esporádicamente
 camiones herrumbrosos
y coches con las nubes en las ventanas.
A pesar de la escasez de tráfico
habían muerto atropellados algunos perros
y un par de niños se habían llevado un susto
y a un par de madres se les había parado el corazón
por unos instantes.

Tengo un recuerdo vago de los veranos
antes de los seis.
 A los seis ya recuerdo mi sombra
el bambo de rayas azules y las trenzas
y aquella niña llamada Paquita que me cuidaba
a cambio de unos regalos y un plato caliente.
Nosotros éramos pobres
pero no de los que no comían. 
No pasábamos hambre ni frío
Ibamos a la escuela vestidos y abrigados.

El abuelo es mi primer recuerdo
Murió cuando yo tenía tres años
recien cumplidos 

Pero yo sigo aferrándome a su mano fuerte
y cierro los ojos
y camino para cruzar la carretera
y me esfuerzo  y siento sus dedos flacos
y sé que es un hombre moreno
con una camisa limpia y blanca
Pero nada nos rodea
ni un rostro
ni un perro
ni una flor
rescatada del hoyo de la memoria
para mostrarme como era el mundo
antes de que otros 
me enseñaran a mirarlo.

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